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Corresponde al tipo lunisolar, pero más complicado, y cuenta sus años desde el 3761 a. de C. Tiene años regulares de 354 días distribuidos en 12 meses de 29 y 30 días alternativamente, años defectuosos de 353 días y años perfectos o abundantes de 355 días. Sus años bisiestos, que se repiten siete veces durante un ciclo de 19 años, tienen 383, 384 o 385 días. Los 30 días que se añaden comprenden un día adicional en el mes de Adar y un decimotercer mes intercalar de 29 días.

El calendario judío comienza el día en el que fueron creados Adán y Eva. El año actual de 2015 en el calendario judio es el año 5775 es la cantidad de años que pasaron desde la creación. Para saber cuál es el año judío correspondiente a cada año del calendario gregoriano, simplemente, hay que agregar 3760 al número gregoriano.

La longitud del año El año judío tiene doce meses, seis meses de veintinueve días y seis meses de treinta días, lo que hace un total de 354 días.

Los años bisiestos Por lo tanto, el calendario lunar judío debe estar coordinado con el ciclo del sol y las estaciones que se determinan por la órbita solar. El problema es que el año lunar, al unir los doce meses lunares, solamente da un total de 354,4 días. El año solar, que suma un total de casi 365,25 días , es casi once días más largo. La solución a dicho problema es insertar en forma periódica un mes adicional (de treinta días) al año, creando así un año de trece meses. En hebreo, ese año se denomina “shaná meuberet” (año embarazado). En español, se lo llama “año bisiesto”, y es el mes que compensa todos los días perdidos del calendario lunar. El año bisiesto tiene lugar aproximadamente una vez cada tres años. Este mes adicional se agrega al mes de Adar, el último del año. Por lo tanto, en los años bisiestos, observamos dos meses de Adar: Adar I y Adar II. Vemos entonces que el calendario judío es tanto lunar como solar; los meses son meses lunares mientras que los años son años solares.